Que mejor día que hoy para ilustrar cómo debería podría acabar la saga petarda ñoña de vampiros que brillan con purpurina de noches de fiesta cuando se ponen al sol y hombres lobo que se transforman en perros gigantes que se enamoran perdidamente de tías corrientes y molientes. Si acabara así pagaría por verla en el cine... Solo faltaría la escena como la de Blade 1 de la discoteca para darle algo de chicha y evitar que nos durmiéramos.



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